Artículo en Preparación.
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Artículo en Preparación.
La verdad, no es fácil conciliar LO POPULAR con LO CLÁSICO, en cosas de Arte. Pero ya sabéis de mi inclinación por las CAUSAS DIFÍCILES, de cuyo Santo Patrón no recuerdo el nombre en este momento. Y no voy a “guglear” para remedar este imperdonable fallo de mi memoria. Me gusta escribir al tirón.
Aún así, me atrevo a colocar aquí este nuevo Artículo, que podría titular, por otra parte, como “PASEABA LLORANDO”.
Ahí va, y no lloréis mucho. Sobre todo, si está lloviendo y acabáis de salir de un café…
Escuchar la Canción en:
http://www.youtube.com/user/ramonedo#p/u/0/4hOyQPYk6dc

FOTO OFICIAL del DÚO ELÉCTRICO de 1964. Esta fotografía era repartida por nuestro "repesentante-manager" (un cachondo, que sólo buscaba el contacto con las chicas...) entre la multitud de chicas que había entre el público. Y, sobre las copias de la foto, al final de cada actuación firmábamos nuestros generosos autógrafos. El récord de autógrafos -2.000, en una misma actuación- se produjo en el PALACIO DEL CINE de Granada, en 1964.
Como apéndice, me gustaría dejar constancia de que el insospechado, para mí, ”DÚO ELÉCTRICO“, a la larga, resultó ser uno de los asuntos más gratificantes de toda mi vida. Con el dúo, actué en los mejores teatros y cines de la ciudad. No resultaba fácil cantar en cines como el Aliatar o como el Palacio del Cine porque no disponían de escenario; pero, en ésos, nos las apañábamos para canturrear, justo, situados delante de la pantalla -a pique de caernos al mismísimo patio de butacas de los mismos.
Visto todo esto, desde la segunda década del Siglo XXI, alguien podría pensar, MALICIOSAMENTE, que “¡Vaya, con este payo, que ahora se dice compositor sinfónico!”. Bueno: si existe ese alguien, pues que piense lo que quiera. Ahí están mis Obras “serias” de décadas posteriores a la de los felices sesenta.
Mi catálogo asciende al número 200 (o más) de “Opus”. Y si no he escrito más Obras de corte sinfónico, eso se debe a que en ésta, mi querida ciudad (de la que no me siento propietario, aunque bien que la amo…), no he contado con los mínimos apoyos ESTABLES -aunque hubieran sido mínimos, como digo-, que LA OBRA de un compositor sinfónico necesita. Quizás, García Lorca estuviese muy acertado en aquel pensamiento suyo sobre… esta ciudad (cuyas capas dirigentes ahora dicen quererle tanto, ¡jopé!).
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De momento, estoy comenzando a preparar este Artículo.
Copyright by Antonio Gualda, 2011.
Mi intención era desarrollar este asunto, durante los próximos días, y si la salud me lo permitía, de una manera más amplia. Sin embargo, creo que con lo aquí os ofrezco será suficiente. Quizás este tema no dé para más, si no se puede disponer de la película y verla sobre la marcha.
Por otra parte, comunicaros que junto a todos vuestros comentarios, aquí publicados, me han llegado otros muchos a mi casilla privada de E-mail. Se me acumulan, pues, las películas por conseguir, después de tantas sugerencias… Todo llegará, supongo. Y ya tengo la que me indicó amablemente SILVIA LISSA, de Argentina (aunque todavía no he podido verla).
No tenía una idea preconcebida, de “por dónde centrar el Blog”, aparte de lo meramente general de referirme a lo de la conciliación. Sin embargo, tras lo que se ha generado a raíz del artículo sobre la Soledad, y en referencia a esta película “CÓMO LE CONOCÍ” o “MARGIE”, pienso que el asunto del cine puede servir (tanto como cualquier otro) de línea conductora para profundizar en otros pensamientos e ideas, derivados del mismo. Entre otras líneas que vayan surgiendo…
En estos días, y a ratos perdidos, he estado investigando sobre “MARGIE“. Lo que no ha resultado fácil, porque apenas si hay referencias en Internet sobre esta película (algo incomprensible, si tenemos en cuenta que alguna otra, mucho peor, del mismo Henry King, aparece por cualquier sitio. Léase “LA COLINA DEL ADIÓS”, a la que no salva ni San Cayetano bendito, por muy premiada que estuviese, en su tiempo, en los “antros” con alfombra roja. Y en la que ni los mismísimos William Holden ni Jennifer Jones parecen ser ellos mismos. ¡Vaya un bodrio, amigos! Al que tampoco salva ni su célebre canción, que, para más abundancia, casi aplasta por completo al filme, si es que el guionista y el director ya no lo hubieran hecho antes, con esa sucesión de aburridísimas escenas –con un irritante abuso de los planos medios- y ese ritmo narrativo tan deplorable…).
Sin embargo, he conseguido averiguar varias cosas más, sobre “MARGIE“. Quizás, la más importante, el nombre de la ciudad en la que se rodó. Me he llevado una sorpresa mayúscula, pues no se trata de Boston ni de ninguna ciudad del Estado de Ohio (aunque hay una referencia explícita a ese Estado norteamericano casi al comienzo de la película), sino de una ciudad que aparenta ser una suerte de mezcla de Las Vegas, Atlantic City y Miami. Nada que ver, pues, con el ambiente calmo y nada “kitsch” (entendido como arte que es considerado como una copia inferior de un estilo ya existente) que se aprecia en la misma. Esa ciudad, en estos tiempos, y desde una perspectiva meramente europea, resulta hueca, de casi nulo interés y hasta de muy mal gusto… Hablando en términos generales, con los riesgos que ya se presuponen cuando se generaliza.
No -según decía- como una ciudad medio burguesa, casi al modo de las muchas de la Europa central, aunque con sus “puntos” de progresismo político. Desvelaré el nombre de esa ciudad más abajo, esperando que no vayáis a mirarlo en este momento, sino que tratéis de ir adivinándolo poniendo a trabajar vuestras exquisitas células grises.
De momento, inserto 2 Fotogramas de la película (en las que se ve a MARGIE llamando a gritos a su papá); justamente, mirando estas 2 fotografías, conseguí averiguar de qué ciudad se trataba. Hay un río; y hay un cruce de calles. Una de esas calles se intuye, solamente; y termina ahí en su extremo Sur. Y, además, es casi perpendicular al río… No es tan difícil, pues, a la vista de esto, averiguar el nombre de la ciudad de rodaje:
También he conseguido, gracias a la colaboración de la mexicana DIANA FRANCO, algunas fotografías sobre el rodaje de “Margie“, aparecidas en su momento en la célebre revista “Life“. Igualmente, tengo más información, a modo de miscelánea, sobre la misma (sobre la película, digo).
Y apuntar que la susodicha película no me ha decepcionado, en absoluto. Ése era mi temor, pues podría haber resultado que yo la tuviese demasiado idealizada, tras sesenta años, y recordando apenas 3 escasos momentos de la misma.
En las 2 siguientes Fotografías, podemos ver las “famosas” BRAGAS-BOMBACHAS de MARGIE, que tienen especial protagonismo en el desarrollo de la historia que se cuenta en la película:
Aspecto actual (en 2011) del edificio real en el que se situó el CENTRAL HIGH o INSTITUTO en el que MARGIE “estudiaba” en la película, supuestamente, en 1928:
Sin embargo, las 2 imágenes siguientes nos muestran cómo estaba ese edificio en 1946, cuando se rodó la película (pero situando la acción en 1928):
Y otra imagen de la película, con el Instituto al fondo. Obsérvese, en la esquina inferior de la izquierda, el coche de propaganda electoral de Hoover, que sería presidente de los Estados Unidos desde 1929 a 1933. Y obsérvese bien el “campus”, que en la actualidad si está algo cambiado.
A continuación, varias imágenes de MARGIE, antes y después de su baño. Las que están en “Blanco y Negro” no aparecen en la película:

Como resumen, añadir que se trata de una película que ha debido merecer mucho mejor trato en su tiempo, y, también, en el Siglo XXI.
Ni le falta ni le sobra nada. Sus escenas están sabiamente calibradas, dejando al espectador “con ganas de más”.
Jeanne Crain “borda” el personaje; al que, años más tarde, recrease varias veces en distintos montajes radiofónicos.
La música nunca molesta en este espléndido filme.
Hay humor del bueno (incluso, político, con una severa alusión de la abuelita de Margie a “ese tonto de…”, refiriéndose al presidente Coolidge, el parco en palabras. Y un discurso colegial de la tal Margie en contra del imperialismo estadounidense, que aún hoy se podría aplicar a las presencias masivas de militares americanos en distintos países, que todos conocéis).
Bárbara Lawrence, amiga y antagonista de Margie en la película, borda, también, sus actuaciones como cantante, como bailarina y como patinadora sobre hielo (no es perdáis las escenas en la pista de patinaje, en espléndido Technicolor). Amén de su magnífico trabajo interpretativo.
Inolvidables, los personajes de la abuela y del padre de Margie; así como muy discreta, pero acertada, interpretación de Glenn Langan, que lo tomó por haber rechazado ese papel el “más famoso” y supremamente estólido Cornel Wilde (al que la FOX castigó por eso, merecidamente)…
Maravillosas y cortas canciones que saben a poco.
Y no hay que olvidar la magnífica contribución de la “tata” de Margie, quien interviniese en otra famosísima película. ¿Os suena eso de “Señoriiita Escarlaaata”?
Y un guión exquisitamente cuidado por la autora de “MI HERMANA ELENA” y sus dos colaboradores.
La ambientación es reconocida por José Luis Garci como superior a la de la propia “MY FAIR LADY”…
Como suele ocurrir, y desconozco la misteriosa razón, una vez más la comedia de alta factura quedó relegada a un ostracismo inexplicable.
¡Ah! Y la ciudad en la que se rodó esta preciosa película es RENO, la del Estado de Nevada.
Peatonazo dil Iter Rondis (o El Conciliador Frustrado).
Copyright, 2011. Antonio Gualda.
Me dormí escuchando en la radio lo que decían los integrantes de una de esas tertulias en las que, cuando llega la hora, la conversación a varias bandas se trunca; sin que nadie (ni los parlantes, ni los radioescuchas) pueda sacar una conclusión más o menos coherente.
El tema era la soledad.
Yo venía, en las horas precedentes, de reencontrarme con alguien a quien he estado añorando casi toda mi vida. Alguien a quien me llevó a conocer mi hermana en mis primeros años, cuando yo apenas contaba tres, cuatro o (a lo más) cinco años de edad. Alguien que me impactó; tanto en lo personal, como en el aspecto estético de las cosas; en general.
Alguien a quien intenté ver, de nuevo, a la semana siguiente, haciéndome acompañar por “mi tata”, y a quien no pude, ya, encontrar. En su lugar, con lo que me topé fue con una sucesión de imágenes cuya, precisamente, estética, distaba mucho de la que me transmitiese aquella etérea personita.
Debe comprenderse eso de que me acompañase “mi tata”, porque yo era demasiado pequeño como para trasponer en solitario a una zona de la ciudad casi desconocida para mí. Más, si tenemos en cuenta el peligro que acarreaba el hecho de tener que cruzar las vías del tranvía de la calle San Antón. Que, según mi madre, no era flojo peligro.
Se había esfumado, la muchacha, como por ensalmo. Nunca más volví a verla. Ni a ella, ni a su depurado ambiente, tan ausente de las malicias que más tarde la vida se encargaría de chorrearme con cruel insistencia (no sé con qué intención, ¡vaya!).
Y no es que mi entorno de aquellos, mis primeros años, se distanciasen demasiado del que rodeaba a la susodicha persona… No; simplemente, el suyo era como la sublimación de mi propio ambiente… Tampoco me estoy refiriendo, en absoluto, a los aspectos materiales de uno y de otro (ambientes). Nada de eso: me refiero, más bien, a esas casi intangibles bondades que los niños aprecian mucho mejor que los adultos.
Yo disfrutaba de muchas de esas excelencias de la vida; pero, como los niños de mi edad, vecinos míos, sabía que “las había más y mejores”. Todavía, desconocía que, en general, en este “mondo cane”, existía eso que se dio en llamar “el tercer mundo”, y en el que, presumiblemente, la mayor parte de los niños sufrían de inauditas privaciones. De tal calibre, como para ni plantearse desear un mundo más sublime, o un mundo con un mayor sentido de la estética, dado que, en primer lugar, se veían -y se siguen viendo, por desgracia- obligados a luchar por la mera supervivencia.
Aunque…, no sé, bien… Hay quien asegura que los niños de los países más desfavorecidos también gozan de su infancia (en líneas generales; ni hablar, por tanto, de los miles y miles de niños a los que se les endiña un arma de fuego para que se incorporen -tan tempranamente- a todo tipo de cruentas e incomprensibles luchas).
Cuando se tiene tan vacío el estómago, “ni modo” de pensar en las sutilezas vitales a las que yo me estoy refiriendo…
Como fuere, horas antes de acostarme -con la radio encendida-, alguien trajo a mi presencia a aquella personita que durante tanto tiempo eché de menos. “¡A buenas horas, mangas verdes!“, me dije. Aunque también pensé eso de que “Nunca es tarde, si la dicha es…“.
Margarita. No es ése, su nombre real. Pero, por el momento, prefiero preservar su identidad verdadera.
No me ha parecido que Margarita haya envejecido tanto como yo… La he encontrado, francamente, muy viva y bien lozana, para la edad que se le debe presuponer. Tan pizpireta como la he estado recordando durante tantas décadas. Y tan colorista…
A decir verdad, sólo recordaba, de ella, el momento primero, cuando la vi al comenzar aquella tarde; ya, tan lejana. También, el momento de la despedida. Y cuando, entre medias, nos cruzamos la mirada a través del hueco que dejaban los añejos libros de aquella estantería que los albergaba, noblemente espaciados. No más; no más… Aunque sí supe -siempre- que, desde el principio hasta el final de nuestra corta entrevista, ella no había dejado de contar su rancia historia. Apenas, mi hermana y yo fuimos testigos casi mudos…
Se presentó esta tarde pasada, de improviso. Y, como en la primera ocasión, ha estado parloteando sin cesar, hasta la nueva despedida.
Sí me ha extrañado que, esta vez, me haya estado hablando en inglés; exclusivamente. No sé si la he comprendido porque yo haya llegado a tener un aceptable nivel de ese idioma. Pero el caso es que la he entendido; de cabo a rabo.
Ha conseguido sumergirme en su exquisito y un tanto rancio entorno vital, el que yo descubriese durante aquella tarde tan lejana en el tiempo. También ha conseguido, por un rato, ahuyentar mi pertinaz soledad de mis noches sin luna y de mis días sin sol.
Desconozco si volveré a verla; a ella, a su sonrisa… Quizás deba esperar otros sesenta años…
- El nombre real de Margarita es MARGIE.
- La actriz que la representaba se llamaba JEANNE CRAIN (que compartiera cartel con Gene Tierney en “Que el cielo la juzgue“, y personalizase la tremenda escena lírica del final).
- Me encontré con ella en el CINE GRANADA, allá por 1950 (aproximadamente). Más que probablemente, ésa fue la primera película que yo viera en un cine de estreno.
- El título de la película “MARGIE“, en España, es “Cómo le conocí“.
- El director de esa película fue Henry King.
- Aunque la película se estrenó en Estados Unidos en 1946, me consta que en muchos países europeos no llegaría a estrenarse hasta los años 1949, 1950 y 1951. Quizás sea ésa la causa por la que yo pudiera verla, de estreno, en mi ciudad, con sólo tres, cuatro o cinco años de edad.
- De la mencionada película, sólo recordaba cuando Margie comenzaba a contar a su hija “cómo conoció a su padre”, y cómo terminaba de contarlo, segundos antes de que apareciese en la pantalla eso de “THE END”, leyenda que a los niños, y no tan niños, nos provocase sarpullidos en la década de los cincuenta -y, también, en la de los sesenta- del Siglo XX. Ya se sabe que, en España y en esos tiempos, casi sólo estudiábamos, como segundo idioma, el francés.
¡Ah! Y también recordaba el momento en que el futuro marido de Margie -profesor de francés (¡cómo no!) del instituto- se la tropiezaba por primera vez -con la mirada- a través de una vetusta estantería de libros, ubicada en la biblioteca del instituto en el que la tal Margie estudiaba.
No recordaba más escenas de esa película… Me quedé, precisamente, con el justo instante en que conoció a su futuro esposo, mientras se cosía algo que se le había roto en sus culottes, al otro lado de la estantería y con mucho apuro.
Y, como apuntaba más arriba, también se me quedaron grabados en mis esquilmadas cortezas supraparietales el rancio technicolor de la cinta y el ambiente calmo y “civilizado” de la ciudad en la que transcurre todo… No lo tengo muy claro, pero esa ciudad bien pudiera ser Boston, o cualquiera de las del conservador Estado de Ohio, a juzgar por las imágenes.
- Cuando “mi tata” me llevó, de nuevo, a ver “Margie“, nos encontramos con otra película en blanco y negro y bastante aburrida para un niño. ¡No sabéis cómo lloré! Lloré casi tanto como el día en que “mi tata” no consiguiera que un feriante me vendiese un tranvía de su tiovivo.
- Como he pasado años y años buscando esa película, sin éxito, un familiar, que conocía ese emperramiento mío, ha tenido la feliz idea de traérmela desde los Estados Unidos de Norteamérica, como regalo de Reyes. Eso sí: sin doblaje al Español… Así que “prego“: si alguno de vosotros me la encuentra doblada al Español de España, que me la traiga, leñe…
- De momento, esta pasada tarde me sentí, nuevamente, muy bien acompañado. Margie ha conseguido, más que conciliar, espantar un trocito de …
Peatonazo dil Iter Rondis (o El Conciliador Frustrado).
Copyright by Antonio Gualda, 2010.
Estela:
Efectivamente, creo que eso del espíritu conciliador es asunto de los genes. No sé si es la mejor herencia que uno puede tener; pero, bueno, ahí está.
Nuestra “desgracia” estriba, precisamente, en que el entorno no se deja conciliar mucho, que digamos.
En nuestra herencia cuenta mucho el asunto de que tenemos cierta facilidad para ponernos a comprender todos los puntos de vista, por encontrados que sean.
Así, tenemos asegurada una buena serie de bofetones, a lo largo de nuestra vida.
Con humor, también te envío muchos “cariños granaínos”.
Peatonazo dil Iter Rondis (o El Conciliador Frustrado).
Estela Alicia Mancini, de Argentina dice:
Antonio es así se nace con un espiritu conciliador, son seres que se convierten en una gran necesidad aunque pocas veces el entorno les reconozca su labor.Están y ayudan siempre que tienen oportunidad porque no pueden evitarlo. Ser conciliador tiene un enorme merito es un hacer el bien sin mirar a quién, aveces puede ser agotador pero es una elección de la que no se puede variar el rumbo. Es una virtud que no muchos recordaran, de la que no muchos hablaran, solo deja en el silencio del conciliador una caricia y una gran satisfacción.
Como siempre muchos cariños Antonio y vamos adelante con esta linda forma de permanecer conectado en esta gran red de amigos que has sabido cultivar. De nuevo cariños Estela, de Argentina.
José Américo:
Más que éxito, busco buena compañía (como la vuestra).
Gracias y continuamos.
Abrazo.
Peatonazo dil Iter Rondis (o El Conciliador Frustrado).
JOSÉ AMÉRICO dice:
SUCESSO ANTONIO!
SEMPRE E EM TUDO,SUCESSO.
E AGORA COM SEU BLOG!
ABRAÇO GRANDE
JOSÉ AMÉRICO