CONCILIAR lo POPULAR con lo CLÁSICO.

La verdad, no es fácil conciliar LO POPULAR con LO CLÁSICO, en cosas de Arte. Pero ya sabéis de mi inclinación por las CAUSAS DIFÍCILES, de cuyo Santo Patrón no recuerdo el nombre en este momento. Y no voy a “guglear” para remedar este imperdonable fallo de mi memoria. Me gusta escribir al tirón.

Aún así, me atrevo a colocar aquí este nuevo Artículo, que podría titular, por otra parte, como “PASEABA LLORANDO”.

Ahí va, y no lloréis mucho. Sobre todo, si está lloviendo y acabáis de salir de un café…

"PASEABA LLORANDO".

Escuchar la Canción en:

http://www.youtube.com/user/ramonedo#p/u/0/4hOyQPYk6dc

Yo provenía del mundillo de la Música Clásica, como casi todo bicho viviente sabe (o debería de saber). Desde mis 6 años de edad, estuve estudiando Música; Solfeo con mi mamá y más Solfeo y Violín con la insigne profesora Doña PAQUITA ALONSO, de los Alonso granadinos de toda la vida, tan vinculados al celebérrimo CENTRO ARTÍSTICO Y LITERARIO DE GRANADA. Y, además, en los Escolapios de Granada, ejercía de pueriantor del, digamos, Coro Clásico, que dirigía el extinto Maestro Hidalgo, a quien todos llamábamos, cariñosamente, “Voz de Oro”. O pudiera ser que este señor fuese don Luis Linares, el inefable organista. Me falla algo la memoria… En cualquier caso, le recuerdo con mucho afecto.
     Tenía mucho mérito, la labor del pobre “Voz de Oro”, pues apenas, de todos los componentes del Coro, yo era el único que, a la vez, estudiaba Música de la seria, y, por tanto, el único miembro que sabía leer sus particelas. Los demás coralistas tenían que aprenderse de memoria, estrofa a estrofa, verso a verso, las piezas clásicas (religiosas, naturalmente) que montábamos. Y, ¡pardiez, cómo sudaba el susodicho Maestro! ¡Nunca fuesen tan sudados Palestrina, ni Orlando di Lasso, ni Tomás Luis de Victoria!
     Una inoportuna enfermedad renal (litiasis, o cálculos renales, que aún sufro) me apartó por un año escolar completo del colegio de los Escolapios de Granada. Y, además, de mis clases con la profesora Alonso, tan paciente y cariñosa, como lo era, conmigo.
     Así, en todo ese curso escolar que debí permanecer en cama, y aún a pesar de que mis papás dispusieron en mi mesita de noche el único aparato de radio que había en casa, mi único contacto con la Música Clásica fue el de UNA hora diaria, UNA, del programa dedicado a la misma por Radio Granada, EAJ 16.
     El resto del tiempo, pues lo pasaba escuchando, generalmente, música ligera; las canciones de moda de aquellos tiempos de 1956 y de 1957. No resultaba, por otra parte, nada fácil el asunto de practicar con el violín sentado en la cama…
     De tal guisa, un día apareció mi papá con una armónica “SIN cambio”. Es decir: una armónica DIATÓNICA (sin sostenidos ni bemoles), que limitaba mucho la ejecución de “según qué piezas musicales”.
     Pasado el primer mes, ya había agotado yo casi todas las posibilidades de esa armónica, que le había llegado a mi papá -a su tienda- como regalo por haber hecho un determinado y especial pedido a cierta fábrica de Barcelona. (Varios años más tarde, nos llegaría, de la misma manera, el primer televisor que hubo en nuestro barrio -mi querido Barrio de Fígares, que, AUNQUE NO ES MÍO, en sentido estricto, sí que lo amo; pese a quien pese…-, que aún conservo en mi abarrotado dormitorio actual: un “MARCONI” de 1960).
     No eran tiempos en los que los niños pidiésemos “cosas especiales” a nuestros papás… Así que fue mi mamá la que cayó en la cuenta de que, con esa armónica, sólo podría tocar piezas musicales demasiado sencillas. Y como ella cayó en la cuenta de eso, pues enseguida me compró UNA REVERENDA ARMÓNICA “CON CAMBIO” o CROMÁTICA (es decir: con sostenidos y con bemoles; lo que equivale a las TECLAS NEGRAS DE UN PIANO, vamos).
     Jamás llegué a arrancar sonidos soportables por el ser humano a mi violín de tres cuartos (que no, de tres al cuarto). Pero, con la armónica, la cosa fue bien distinta.
     Cada tarde, mis amiguitos y amiguitas, vecinillos del barrio, al terminar sus clases del colegio, se dejaban caer por mi dormitorio para comprobar qué nueva canción había logrado aprender a tocar con la armónica. Aunque, a decir verdad, no estoy muy seguro de que vinieran a escucharme o, más bien, a degustar la apetitosa merienda que les proporcionaba mi mamá, sumamente agradecida para con ellos, y que solía consistir en majestuosas tostadas de pan embadurnadas de “crema tostada”, que creo que es lo que en Iberoamérica llaman “dulce de leche”.
     Como fuere, yo seguía esforzándome por complacer a mi nutrido auditorio. Tanto, que varios años más tarde, cualquier persona que me fuese pesentada por primera vez en mi vida, solía decirme: “¡Chiquillo: tú tienes labios de tocaor de armónica!“.
     Cuando resurgí de mis cenizas y me reincorporé a las clases, el Prefecto del colegio, ya, además de mantenerme en el Coro, “me metió” en la Rondalla, en donde mi hermano pequeño era el mejor de los laúdes. Y, como tal, debía ejercer un cierto control sobre los otros dos laudistas. Especialmente, por lo que se refería a M. Pons, cuyo instrumento -se decía- era “un laúd de carreras”, y, al menor descuido, el tío terminaba la pieza un minuto antes que el resto de la susodicha formación musical.
     De primeras, estuve varios años, en la Rondalla, como cantante medio solista. O tercio solista; porque, además de mí mismo, por ahí andaban un tal Cantarell (¡claro, con ese apellido!) y Pepe Serrano.
     El repertorio de la Rondalla no es que fuese exquisito, precisamente, aunque siempre montábamos algunas piezas “facilitadas” de lo que se entiende por Música Clásica.
     Así que, sin comerlo ni beberlo, me vi metido, casi de lleno, en eso que se dio en llamar “Música Popular” y “Música Moderna”. El propio padre Prefecto se encargaba de traernos -de contrabando, je, pues decía que el contrabando NO obligaba en conciencia- los “últimos gritos” en partituras editadas en Francia.
     Ya, en diciembre de 1961, me fue otorgada toda una Guitarra de la mejor calidad. Ni yo la compré, ni nadie me la regaló. El “cómo” llegué a poseer esa preciosa guitarra, es algo que desvelo en la enorme novela que llevo
escribiendo -desde hace muchos años- sobre “mi vida desde 1958 hasta octubre de 1965”. Y digo “enorme” porque, al día de hoy, llevo escritas unas DIEZ MIL páginas. Fotografías, aparte.
     Como fuere, ahí estaba yo, en diciembre de 1961, con mi flamante y exquisita guitarra, sin saber, en “lo” absoluto, sacarle el menor acorde. Lo que no tuvo importancia alguna, pues, enseguida, uno de mis hermanos me enseñó a “poner” los acordes básicos de LA MAYOR, de LA menor, de MI MAYOR, de MI menor, de RE MAYOR y de RE menor. Aunque, en este caso, ese hermano mío era el MAYOR.
Y, en el colegio, en apenas un mes, aprendí el resto de acordes. Al menos, los más usados comúnmente.
     De manera que, hacia mitad de enero de 1962, ya comencé a cantar, acompañándome de la guitarra, sencillas canciones, como “YO VENDO UNOS OJOS NEGROS”, “LAS MAÑANITAS”, “NOCHE DE RONDA”, etc…
     Aunque, a ratos perdidos, yo ya había comenzado a componer sobre el papel pautado mi presunta Primera Sinfonía (basada en un sencillo texto que previamente había escrito, y que versaba sobre el Corpus, los claveles rojos y el azahar), los planes ocultos del Prefecto, y de la otra mano invisible que llevase la susodicha guitarra a mis escasa persona, comenzaron a fructificar: YA NO SÓLO FUI tercio cantante de la Rondalla, sino que, además, me convertí en guitarrista de la misma.
     Por tanto, el asunto comenzó a ir por derroteros altamente insospechados para mí.
     De intentar componer una verdadera Sinfonía, a comenzar a escribir sencillas canciones populares, sólo hubo “un suspiro”. Y… la primera de esas canciones fue, precisamente, esta “PASEABA LLORANDO“, pues no en vano, en esos tiempos, andaba yo “colgao” de una linda muchachita a la que nunca llegué a cantarle esta cancioncilla. (Las personas que deseen conocer más detalles sobre esa rara historia de amor, que lean mi novela titulada “AQUELLOS OJOS GRISES“. No se arrepentirán, lo juro).
     Pero hay más; mucho más: antes de terminarse el curso escolar 1961-1962, en el que ningún equipo español llegase a ganar la Copa de Europa, fueron puestos los espartos, por esas manos -no tan invisibles- para que llegase a crearse el famosísimo (sólo en mi ciudad, Granada, España) “DÚO ELÉCTRICO“, que fue el conjunto músico-vocal que llegaría a montar esta “PASEABA LLORANDO“, andando el tiempo.
     Desconozco si el cura Pepe era un buen cura. Pero de lo que sí estoy bien seguro es de que conseguía lo que se proponía… Y lo que se había propuesto, conmigo, era que “yo formase dúo” con el supremo empollón que era el tal Pepe Serrano.
     -¡Anda, hijo! Que tú eres barítono, manejas la guitarra aceptablemente; y Pepe Serrano es tenor -llegó a decirme, el tal cura Prefecto-. Buscadle un nombre al dúo, y, para el próximo curso, quiero veros, ya, estrenándoos como formación musical hermana de la Rondalla.
     Y así resultó ser la cosa.
     Antes de terminar ese curso 1961-1962, el cura nos reunió a los 60 integrantes de mi propia clase con el fin de que eligiésemos un nombre para el incipiente dúo. Nos encerró en un aula y nos dijo que no saldríamos de la misma hasta tener decidido el nombre del dúo.
     El “encargado del curso” (ser encargado de curso equivalía, aproximadamente, a ser el capitán en un equipo de fútbol), el también supremo empollón ANTONIO FERNÁNDEZ LÓPEZ nos conminó a cumplir con lo que el Prefecto nos había ordenado.
     El asunto se desarrolló muy democráticamente, para los tiempos que corrían. El tal Fernández López hizo que cada muchacho escribiese una propuesta de nombre para el dúo. Cada uno, en papelito aparte.
     Entregados los 60 papelitos al insigne encargado de clase, éste, con toda su conocida parsimonia, fue escribiendo, uno por uno, en la pizarra, los sesenta nombres propuestos.
     A la vista de los mismos, tuvimos que votar, en secreto y en nuevos papelitos.
Los 60 nombres propuestos eran de lo más dispar. Algunos, escritos con muchas ganas de guasa (vulgo, “choteo”).
     Hecho el recuento de votos, salieron, empatados, los siguientes nombres: “El Dúo Olmos” y “El Dúo Eléctrico”.
     Lo de “Olmos”, más que probablemente, porque tanto Pepe Serrano, como yo, superábamos la estatura de 180 centímetros; cuando todo el mundo sabe que, en esa época, en nuestro país, eran muy pocos los muchachos que llegasen, siquiera, a alcanzar los 170 centímetros de altura. Así que sonaba a mucha guasa (vulgo, “mucho choteo”) eso de “El Dúo Olmos”, por lo que el Fernández López se puso, todavía, más serio (lo que ya era difícil, carajo).
     Así que nos pusimos igualmente serios y efectuamos la nueva votación para deshacer el engorroso empate.
     Salieron 59 votos a favor de “El Dúo Eléctrico”.
     Y, obviamente, 1 voto para “El Dúo Olmos”.
     Y, bueno: me sentí contento, por el hecho de haberme librado de eso de los “Olmos”…; pero aún, en mis noches de pesadilla, sueño con que le rompo la crisma al capullín que emitiese su voto final a favor del título de “El Dúo Olmos”…
     A mí no me sonaba del todo mal eso de “El Dúo Eléctrico”, porque lo asociaba a “electrizante”…; pero, con el tiempo, siempre habría quienes tratasen de chotearse de nosotros, diciéndonos que si es que éramos electricistas, o que si es que copiábamos del nombre parecido de otro famoso dúo de nivel nacional…
     Ni una cosa, ni la otra: como vengo diciendo, yo me encontré, sin comerlo ni beberlo, con una guitarra, con un dúo inventado “por otros” y con un nombre de dúo en cuya elección tuve una mínima incidencia.
     Dicho esto, me gustaría aclarar que el nombre que yo propuse inicialmente fue el de “EL DÚO DE LOS PEPINOS”. Por aquello de que a mí me gustaba más aquel famosísimo conjunto argentino llamado “LOS CINCO LATINOS”, cuyos componentes, TODOS, tenían estudios clásicos de la Música.
     Aunque he de confesar que, en la recámara, estuve barajando el de “EL DÚO MODUÑOS”, como homenaje al muy expresivo Domenico Modugno…; pero se nota que no teníamos edad

El DÚO ELÉCTRICO, en 1964, cantando "PASEABA LLORANDO".

 Tan sólo me queda aclarar que, finalmente, “EL DÚO ELÉCTRICO” llegamos a formarlo 5 muchachos. ¡No, hombre: los cinco, a la vez, no!

     Yo permanecí, fijo, hasta la extinción del mismo, grave suceso acontecido a finales de septiembre de 1965, cuando en Granada comenzaron a proliferar los llamados “conjuntos peseteros”; es decir: conjuntos musicales juveniles que tenían, ya, la “terrible” intención de ganar dinero con eso.
     No como nosotros, que siempre fuimos unos románticotes del tema, hasta la muerte natural del dúo.
     Tras Pepe Serrano, me acompañaron -en la susodicha y escasa formación musical-, por cursos escolares sucesivos, los siguientes muchachotes: Miguel Fernández (mi amigo y compañero del alma, de aquellos tiempos), Jesús Martínez Manzano (otro empollón de al quince); y, finalmente, mi hermano pequeño, el famosísimo Jolís.
     Esta versión de “PASEABA LLORANDO” la grabé años más tarde, en 1971, con uno de mis antiguos compañeros de dúo, que no era otro que ese mencionado y conocidísimo JOLÍS.
     Existe otra grabación anterior de “PASEABA LLORANDO” (en la que mi acompañante fue Miguel Fernández) y de otras canciones que compuse para el dúo. Estas grabaciones se llevaron a cabo en el único magnetofón que había en nuestro barrio, hacia 1965, y que pertenecía al periodista Juan José Porto.

FOTO OFICIAL del DÚO ELÉCTRICO de 1964. Esta fotografía era repartida por nuestro "repesentante-manager" (un cachondo, que sólo buscaba el contacto con las chicas...) entre la multitud de chicas que había entre el público. Y, sobre las copias de la foto, al final de cada actuación firmábamos nuestros generosos autógrafos. El récord de autógrafos -2.000, en una misma actuación- se produjo en el PALACIO DEL CINE de Granada, en 1964.

     Como apéndice, me gustaría dejar constancia de que el insospechado, para mí,  “DÚO ELÉCTRICO“, a la larga, resultó ser uno de los asuntos más gratificantes de toda mi vida. Con el dúo, actué en los mejores teatros y cines de la ciudad. No resultaba fácil cantar en cines como el Aliatar o como el Palacio del Cine porque no disponían de escenario; pero, en ésos, nos las apañábamos para canturrear, justo, situados delante de la pantalla -a pique de caernos al mismísimo patio de butacas de los mismos.

     Obviamente, el Teatro Isabel la Católica y el Teatro Regio fueron nuestros escenarios preferidos, así como los teatros-cines de los Escolapios, del Seminario y de casi todos los colegios femeninos de enseñanza secundaria que había esparcidos por la ciudad. Que no eran pocos. También nos llamaron para algunas especiales actuaciones en el bellísimo Carmen de Los Mártires, junto a las Hermanas Benítez, que venían de “triunfar” en una superproducción cinematográfica con Cantinflas. Y, por supuesto, en el Centro Artístico y Literario de Granada, en cuyo teatrico actuamos varias veces. Y hasta en la modernísima parrilla del Hotel Sudán…
     Digamos que “EL DÚO ELÉCTRICO“, durante aquellos preciosos años, estuvo metido de lleno “en la pomada” del “TODO GRANADA”. Y, siempre, sin ninguna aspiración crematística. Lo nuestro era puro romanticismo; y nuestras canciones, de tan románticas, llegaban a ser algo bastante más que lúgubres. Allá donde hubiese alegría, llegábamos nosotros y, al minuto, todo el mundo cavilando; si no, llorando a lágrima viva.
     El dúo, poco a poco se independizó de la Rondalla de los Escolapios. Prácticamente, en nuestro segundo año, ya caminábamos solos por esos escenarios granadinos.
     También éramos requeridos, con una insistencia atroz, para ir a echar serenatas a las cientos de novias de los muchos jovenzuelos de la ciudad.
     Llegamos a actuar junto a las “figuras” nacionales del momento: Gelu, Marisol, Rocío Dúrcal…; y, por supuesto, junto a Los Ángeles Azules, los Neska-Laris, The Songers (de Felipe Alcaraz), Los Jinetes, The Teen Agers, etc… Ninguno de estos grupos musicales (a excepción de Los Ángeles Azules, que se fueron a Madrid en plan “maletillas”, y que se convertirían en Los Ángeles, a secas) se planteó, jamás, eso de grabar “maquetas” y enviarlas a las discográficas de Madrid o de Barcelona. Y lo de irse de “maletillas”, como Los Ángeles Azules, requería de un sacrificio excepcionalmente grande, habida cuenta de que Madrid, entonces, estaba como a 12 horas en tren de carbonilla. Más o menos, todos los integrantes de estos conjuntos musicales tenían diseñados sus futuros universitarios o profesionales, desde años atrás, por sus correspondientes padres.
     Y, si no nos atrevíamos a pedirles -a nuestros padres- que nos comprasen una armónica, o un amplificador de guitarra eléctrica, a ver quién era “el guapo” de plantearles eso de “Papá: que me voy un  año a Madrid, a ver qué pasa con mi conjunto musical“. A mí, y a mis 5 sucesivos acompañantes, es que eso ni se nos pasó por la cabeza. Lo nuestro era, como vengo repitiendo, puro
romanticismo -¡ya no sé cómo voy a decirlo! ¡Ni que estuviese escribiendo en chino!-, cierto gusto por agradar a las chicas jóvenes de Granada y disfrutar canturreando en cualquier festival que se organizase DENTRO DE la ciudad. Y cierto gusto por disfrutar de las salidas nocturnas -tan escasas, entonces- de los sábados para regalar los tiernos (y los no tan tiernos) oídos de casi todas las féminas granadinas (y los de las cientos de estudiantes, chicas, que se albergaban en Colegios Mayores).
     Me dejaba en el tintero a Los Windys, con los que también coincidimos en la Neptuno y en el Palacio del Cine…, pero este grupo no era de nuestra generación, propiamente entendida como tal, ya que sus integrantes, todos, nos superaban en unos 7 años de edad.
     Resulta curioso comprobar cómo, muchos de aquellos jovenzuelos de la “Swinging Granada“, con el tiempo, llegarían a ser profesores de Conservatorios de Música, inspectores musicales de rango nacional, farmacéuticos, médicos muy acreditados, arquitectos, directivos de grandes entidades financieras -lo que no considero, personalmente, como una especial exquisitez-, etc… Entre ellos, casi la totalidad de mis antiguos compañeros de dúo, sin que nadie se escandalice, ahora, porque hace más de 45 años pertenecieron al “Dúo Eléctrico”…
     Lo que me lleva a reafirmarme en que en aquella etapa, casi hasta final de 1965, todos nosotros estábamos tomándonos las cosas de la musica ligera como un bonito y apasionante pasatiempo; nunca, como algo en lo que habríamos de quedarnos instalados para siempre.
     Pronto, incluso yo volvería a “mi raíces clásicas”.

Aquí, estoy antes de regresar a "mis raíces clásicas".

     Visto todo esto, desde la segunda década del Siglo XXI, alguien podría pensar, MALICIOSAMENTE, que “¡Vaya, con este payo, que ahora se dice compositor sinfónico!”. Bueno: si existe ese alguien, pues que piense lo que quiera. Ahí están mis Obras “serias” de décadas posteriores a la de los felices sesenta.

Y, aquí, MUCHOS años después de mi vuelta a "mis raíces clásicas".

     Mi catálogo asciende al número 200 (o más) de “Opus”. Y si no he escrito más Obras de corte sinfónico, eso se debe a que en ésta, mi querida ciudad (de la que no me siento propietario, aunque bien que la amo…), no he contado con los mínimos apoyos ESTABLES -aunque hubieran sido mínimos, como digo-, que LA OBRA de un compositor sinfónico necesita. Quizás, García Lorca estuviese muy acertado en aquel pensamiento suyo sobre… esta ciudad (cuyas capas dirigentes ahora dicen quererle tanto, ¡jopé!).

     Y no es excusa que esa falta de apoyo ESTABLE a la creatividad musical sinfónica NO EXISTA, PRÁCTICAMENTE, en el resto del país.
     (No estaría de más que, de una vez por todas, el Estado instaurase una cuota del 10 ó del 15 % de Obras Sinfónicas de Estreno de compositores vivos españoles aunque yo me quedase fuera de esoen todos los Conciertos que se celebren dentro del país. Después, la Historia se encargaría de cribar… Y no que la criba se siga haciendo PREVIAMENTE “desde arriba” por, en algunos casos, gente que resulta ser “juez y parte”).
     Por desgracia, la Música Sinfónica necesita de “muchos terceros” que cobran exageradas cantidades de dinero para interpretar en público las Obras de nueva creación. No obstante, quizás, antes de que yo me disuelva en el éter, alguna de esas privilegiadas mentes dirigentes llegue a recapacitar y enmiende -siquiera sea en parte- el terrorífico apartheid al que se nos somete casi de manera sistemática; simplemente, porque bastantes compositores no han (o no hemos) pertenecido, nunca, a ninguna formación política, ni a cosa similar. A ver cuándo se dan cuenta de que la creatividad artística no debe estar sometida a los poderes fácticos, para no perder, así, su esencia verdadera.
     Afortunadamente, yo, y otros como yo, sí que gozamos de un buen reconocimiento fuera de este pequeño “roal”. De mero y puritito “penalty”, claro.          
 
La verdad, no habría sido necesario someternos a tantas inútiles privaciones
 
     Y, tras estas AFORTUNADAS reflexiones finales que acabo de apuntar, como corolarios incontestables por las gentes de bien, regreso al tema que hoy me ocupa y concluyo exclamando: ¡larga vida a mi querido “DÚO ELÉCTRICO“!, con el que viví, quizás, la época más gratificante de toda mi vida.
 
©  Copyright de este Texto by Antonio Gualda Jiménez, Abril de 2011.

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CONCILIAR PEQUEÑAS DISCUSIONES SOBRE EL ARTE ( 1 ).

De momento, estoy comenzando a preparar este Artículo.

Paciencia, pues… Os dejo, mientras tanto, tres pinturas mías, que pronto volarán a un Museo de Brasil

"GOLDEN SLUMBERS, SMILE AWAY". Author & Copyright: Antonio Gualda. 1987.

"WHY LOVE AND NOT MONEY, nº 2". Author & Copyright: Antonio Gualda. 1987.

"ANÁLISIS DE PARTITURAS, nº 3". Author & Copyright: Antonio Gualda. 1987.

 
Peatonazo dil Iter Rondis (o El Conciliador Frustrado).

Copyright by Antonio Gualda, 2011.

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CONCILIAR a MARGIE CASI POR COMPLETO.

Mi intención era desarrollar este asunto, durante los próximos días, y si la salud me lo permitía, de una manera más amplia. Sin embargo, creo que con lo aquí os ofrezco será suficiente. Quizás este tema no dé para más, si no se puede disponer de la película y verla sobre la marcha.

     Por otra parte, comunicaros que junto a todos vuestros comentarios, aquí publicados, me han llegado otros muchos a mi casilla privada de E-mail. Se me acumulan, pues, las películas por conseguir, después de tantas sugerencias… Todo llegará, supongo. Y ya tengo la que me indicó amablemente SILVIA LISSA, de Argentina (aunque todavía no he podido verla).

      No tenía una idea preconcebida, de “por dónde centrar el Blog”, aparte de lo meramente general de referirme a lo de la conciliación. Sin embargo, tras lo que se ha generado a raíz del artículo sobre la Soledad, y en referencia a esta película “CÓMO LE CONOCÍ” o “MARGIE”, pienso que el asunto del cine puede servir (tanto como cualquier otro) de línea conductora para profundizar en otros pensamientos e ideas, derivados del mismo. Entre otras líneas que vayan surgiendo…

      En estos días, y a ratos perdidos, he estado investigando sobre “MARGIE“. Lo que no ha resultado fácil, porque apenas si hay referencias en Internet sobre esta película (algo incomprensible, si tenemos en cuenta que alguna otra, mucho peor, del mismo Henry King, aparece por cualquier sitio. Léase “LA COLINA DEL ADIÓS”, a la que no salva ni San Cayetano bendito, por muy premiada que estuviese, en su tiempo, en los “antros” con alfombra roja. Y en la que ni los mismísimos William Holden ni Jennifer Jones parecen ser ellos mismos. ¡Vaya un bodrio, amigos! Al que tampoco salva ni su célebre canción, que, para más abundancia, casi aplasta por completo al filme, si es que el guionista y el director ya no lo hubieran hecho antes, con esa sucesión de aburridísimas escenas –con un irritante abuso de los planos medios- y ese ritmo narrativo tan deplorable…).

     Sin embargo, he conseguido averiguar varias cosas más, sobre MARGIE“. Quizás, la más importante, el nombre de la ciudad en la que se rodó. Me he llevado una sorpresa mayúscula, pues no se trata de Boston ni de ninguna ciudad del Estado de Ohio (aunque hay una referencia explícita a ese Estado norteamericano casi al comienzo de la película), sino de una ciudad que aparenta ser una suerte de mezcla de Las Vegas, Atlantic City y Miami. Nada que ver, pues, con el ambiente calmo y nada “kitsch” (entendido como arte que es considerado como una copia inferior de un estilo ya existente) que se aprecia en la misma. Esa ciudad, en estos tiempos, y desde una perspectiva meramente europea, resulta hueca, de casi nulo interés y hasta de muy mal gusto… Hablando en términos generales, con los riesgos que ya se presuponen cuando se generaliza.

   No -según decía- como una ciudad medio burguesa, casi al modo de las muchas de la Europa central, aunque con sus “puntos” de progresismo político. Desvelaré el nombre de esa ciudad más abajo, esperando que no vayáis a mirarlo en este momento, sino que tratéis de ir adivinándolo poniendo a trabajar vuestras exquisitas células grises.

      De momento, inserto 2 Fotogramas de la película (en las que se ve a MARGIE llamando a gritos a su papá); justamente, mirando estas 2 fotografías, conseguí averiguar de qué ciudad se trataba. Hay un río; y hay un cruce de calles. Una de esas calles se intuye, solamente; y termina ahí en su extremo Sur. Y, además, es casi perpendicular al río… No es tan difícil, pues, a la vista de esto, averiguar el nombre de la ciudad de rodaje:

     También he conseguido, gracias a la colaboración de la mexicana DIANA FRANCO, algunas fotografías sobre el rodaje de “Margie“, aparecidas en su momento en la célebre revista “Life“. Igualmente, tengo más información, a modo de miscelánea, sobre la misma (sobre la película, digo).

      Y apuntar que la susodicha película no me ha decepcionado, en absoluto. Ése era mi temor, pues podría haber resultado que yo la tuviese demasiado idealizada, tras sesenta años, y recordando apenas 3 escasos momentos de la misma.

      En las 2 siguientes Fotografías, podemos ver las “famosas” BRAGAS-BOMBACHAS de MARGIE, que tienen especial protagonismo en el desarrollo de la historia que se cuenta en la película:

     Aspecto actual (en 2011) del edificio real en el que se situó el CENTRAL HIGH o INSTITUTO en el que MARGIE “estudiaba” en la película, supuestamente, en 1928:

     Sin embargo, las 2 imágenes siguientes nos muestran cómo estaba ese edificio en 1946, cuando se rodó la película (pero situando la acción en 1928):

Y otra imagen de la película, con el Instituto al fondo. Obsérvese, en la esquina inferior de la izquierda, el coche de propaganda electoral de Hoover, que sería presidente de los Estados Unidos desde 1929 a 1933. Y obsérvese bien el “campus”, que en la actualidad si está algo cambiado.

 A continuación, varias imágenes de MARGIE, antes y después de su baño. Las que están en “Blanco y Negro” no aparecen en la película:

 Como resumen, añadir que se trata de una película que ha debido merecer mucho mejor trato en su tiempo, y, también, en el Siglo XXI.

     Ni le falta ni le sobra nada. Sus escenas están sabiamente calibradas, dejando al espectador “con ganas de más”.

     Jeanne Crain “borda” el personaje; al que, años más tarde, recrease varias veces en distintos montajes radiofónicos.

     La música nunca molesta en este espléndido filme.

     Hay humor del bueno (incluso, político, con una severa alusión de la abuelita de Margie a “ese tonto de…”, refiriéndose al presidente Coolidge, el parco en palabras. Y un discurso colegial de la tal Margie en contra del imperialismo estadounidense, que aún hoy se podría aplicar a las presencias masivas de militares americanos en distintos países, que todos conocéis).

     Bárbara Lawrence, amiga y antagonista de Margie en la película, borda, también, sus actuaciones como cantante, como bailarina y como patinadora sobre hielo (no es perdáis las escenas en la pista de patinaje, en espléndido Technicolor). Amén de su magnífico trabajo interpretativo.

     Inolvidables, los personajes de la abuela y del padre de Margie; así como muy discreta, pero acertada, interpretación de Glenn Langan, que lo tomó por haber rechazado ese papel el “más famoso” y supremamente estólido  Cornel Wilde (al que la FOX castigó por eso, merecidamente)…

     Maravillosas y cortas canciones que saben a poco.

     Y no hay que olvidar la magnífica contribución de la “tata” de Margie, quien interviniese en otra famosísima película. ¿Os suena eso de “Señoriiita Escarlaaata”?

     Y un guión exquisitamente cuidado por la autora de “MI HERMANA ELENA” y sus dos colaboradores.

     La ambientación es reconocida por José Luis Garci como superior a la de la propia “MY FAIR LADY”…

     Como suele ocurrir, y desconozco la misteriosa razón, una vez más la comedia de alta factura quedó relegada a un ostracismo inexplicable.

   ¡Ah! Y la ciudad en la que se rodó esta preciosa película es RENO, la del Estado de Nevada.

Peatonazo dil Iter Rondis (o El Conciliador Frustrado).

Copyright, 2011.  Antonio Gualda.

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CONCILIAR UN TROCITO DE MI SOLEDAD.

Me dormí escuchando en la radio lo que decían los integrantes de una de esas tertulias en las que, cuando llega la hora, la conversación a varias bandas se trunca; sin que nadie (ni los parlantes, ni los radioescuchas) pueda sacar una conclusión más o menos coherente.

El tema era la soledad.

Yo venía, en las horas precedentes, de reencontrarme con alguien a quien he estado añorando casi toda mi vida. Alguien a quien me llevó a conocer mi hermana en mis primeros años, cuando yo apenas contaba tres, cuatro o (a lo más) cinco años de edad. Alguien que me impactó; tanto en lo personal, como en el aspecto estético de las cosas; en general.

Alguien a quien intenté ver, de nuevo, a la semana siguiente, haciéndome acompañar por “mi tata”, y a quien no pude, ya, encontrar. En su lugar, con lo que me topé fue con una sucesión de imágenes cuya, precisamente, estética, distaba mucho de la que me transmitiese aquella etérea personita.

Debe comprenderse eso de que me acompañase “mi tata”, porque yo era demasiado pequeño como para trasponer en solitario a una zona de la ciudad casi desconocida para mí. Más, si tenemos en cuenta el peligro que acarreaba el hecho de tener que cruzar las vías del tranvía de la calle San Antón. Que, según mi madre, no era flojo peligro.

Se había esfumado, la muchacha, como por ensalmo. Nunca más volví a verla. Ni a ella, ni a su depurado ambiente, tan ausente de las malicias que más tarde la vida se encargaría de chorrearme con cruel insistencia (no sé con qué intención, ¡vaya!).

Y no es que mi entorno de aquellos, mis primeros años, se distanciasen demasiado del que rodeaba a la susodicha persona… No; simplemente, el suyo era como la sublimación de mi propio ambiente… Tampoco me estoy refiriendo, en absoluto, a los aspectos materiales de uno y de otro (ambientes). Nada de eso: me refiero, más bien, a esas casi intangibles bondades que los niños aprecian mucho mejor que los adultos.

Yo disfrutaba de muchas de esas excelencias de la vida; pero, como los niños de mi edad, vecinos míos, sabía que “las había más y mejores”. Todavía, desconocía que, en general, en este “mondo cane”, existía eso que se dio en llamar “el tercer mundo”, y en el que, presumiblemente, la mayor parte de los niños sufrían de inauditas privaciones. De tal calibre, como para ni plantearse desear un mundo más sublime, o un mundo con un mayor sentido de la estética, dado que, en primer lugar, se veían -y se siguen viendo, por desgracia- obligados a luchar por la mera supervivencia.

Aunque…, no sé, bien… Hay quien asegura que los niños de los países más desfavorecidos también gozan de su infancia (en líneas generales; ni hablar, por tanto, de los miles y miles de niños a los que se les endiña un arma de fuego para que se incorporen -tan tempranamente- a todo tipo de cruentas e incomprensibles luchas).

Cuando se tiene tan vacío el estómago, “ni modo” de pensar en las sutilezas vitales a las que yo me estoy refiriendo…

Como fuere, horas antes de acostarme -con la radio encendida-, alguien trajo a mi presencia a aquella personita que durante tanto tiempo eché de menos. “¡A buenas horas, mangas verdes!“, me dije. Aunque también pensé eso de que “Nunca es tarde, si la dicha es…“.

Margarita. No es ése, su nombre real. Pero, por el momento, prefiero preservar su identidad verdadera.

No me ha parecido que Margarita haya envejecido tanto como yo… La he encontrado, francamente, muy viva y bien lozana, para la edad que se le debe presuponer. Tan pizpireta como la he estado recordando durante tantas décadas. Y tan colorista…

A decir verdad, sólo recordaba, de ella, el momento primero, cuando la vi al comenzar aquella tarde; ya, tan lejana. También, el momento de la despedida. Y cuando, entre medias, nos cruzamos la mirada a través del hueco que dejaban los añejos libros de aquella estantería que los albergaba, noblemente espaciados. No más; no más… Aunque sí supe  -siempre- que, desde el principio hasta el final de nuestra corta entrevista, ella no había dejado de contar su rancia historia. Apenas, mi hermana y yo fuimos testigos casi mudos…

Se presentó esta tarde pasada, de improviso. Y, como en la primera ocasión, ha estado parloteando sin cesar, hasta la nueva despedida.

Sí me ha extrañado que, esta vez, me haya estado hablando en inglés; exclusivamente. No sé si la he comprendido porque yo haya llegado a tener un aceptable nivel de ese idioma. Pero el caso es que la he entendido; de cabo a rabo.

Ha conseguido sumergirme en su exquisito y un tanto rancio entorno vital, el que yo descubriese durante aquella tarde tan lejana en el tiempo. También ha conseguido, por un rato, ahuyentar mi pertinaz soledad de mis noches sin luna y de mis días sin sol.

¡Bendita Margarita, con su cuentico colorista!   

Desconozco si volveré a verla; a ella, a su sonrisa… Quizás deba esperar otros sesenta años… 

Como no deseo resultar sangrón, os resuelvo vuestras dudas:

– El nombre real de Margarita es MARGIE.

– La actriz que la representaba se llamaba JEANNE CRAIN (que compartiera cartel con Gene Tierney en “Que el cielo la juzgue“, y personalizase la tremenda escena lírica del final).

– Me encontré con ella en el CINE GRANADA, allá por 1950 (aproximadamente). Más que probablemente, ésa fue la primera película que yo viera en un cine de estreno.

– El título de la película “MARGIE“, en España, es “Cómo le conocí“.

El director de esa película fue Henry King.

– Aunque la película se estrenó en Estados Unidos en 1946, me consta que en muchos países europeos no llegaría a estrenarse hasta los años 1949, 1950 y 1951. Quizás sea ésa la causa por la que yo pudiera verla, de estreno, en mi ciudad, con sólo tres, cuatro o cinco años de edad.

– De la mencionada película, sólo recordaba cuando Margie comenzaba a contar a su hija “cómo conoció a su padre”, y cómo terminaba de contarlo, segundos antes de que apareciese en la pantalla eso de “THE END”, leyenda que a los niños, y no tan niños, nos provocase sarpullidos en la década de los cincuenta -y, también, en la de los sesenta- del Siglo XX. Ya se sabe que, en España y en esos tiempos, casi sólo estudiábamos, como segundo idioma, el francés.

¡Ah! Y también recordaba el momento en que el futuro marido de Margie -profesor de francés (¡cómo no!) del instituto- se la tropiezaba por primera vez -con la mirada- a través de una vetusta estantería de libros, ubicada en la biblioteca del instituto en el que la tal Margie estudiaba.

No recordaba más escenas de esa película… Me quedé, precisamente, con el justo instante en que conoció a su futuro esposo, mientras se cosía algo que se le había roto en sus culottes, al otro lado de la estantería y con mucho apuro.

Y, como apuntaba más arriba, también se me quedaron grabados en mis esquilmadas cortezas supraparietales el rancio technicolor de la cinta y el ambiente calmo y “civilizado” de la ciudad en la que transcurre todo… No lo tengo muy claro, pero esa ciudad bien pudiera ser Boston, o cualquiera de las del conservador Estado de Ohio, a juzgar por las imágenes.

– Cuando “mi tata” me llevó, de nuevo, a ver “Margie“, nos encontramos con otra película en blanco y negro y bastante aburrida para un niño. ¡No sabéis cómo lloré! Lloré casi tanto como el día en que “mi tata” no consiguiera que un feriante me vendiese un tranvía de su tiovivo.

– Como he pasado años y años buscando esa película, sin éxito, un familiar, que conocía ese emperramiento mío, ha tenido la feliz idea de traérmela desde los Estados Unidos de Norteamérica, como regalo de Reyes. Eso sí: sin doblaje al Español… Así que prego“: si alguno de vosotros me la encuentra doblada al Español de España, que me la traiga, leñe…

– De momento, esta pasada tarde me sentí, nuevamente, muy bien acompañado. Margie ha conseguido, más que conciliar, espantar un trocito de …

Peatonazo dil Iter Rondis (o El Conciliador Frustrado).

Copyright by Antonio Gualda, 2010.

Gracias por tu visita, Margarita.

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RESPUESTA a ESTELA ALICIA MANCINI, gran grabadora de Argentina.

Estela:

Efectivamente, creo que eso del espíritu conciliador es asunto de los genes. No sé si es la mejor herencia que uno puede tener; pero, bueno, ahí está.

Nuestra “desgracia” estriba, precisamente, en que el entorno no se deja conciliar mucho, que digamos.

En nuestra herencia cuenta mucho el asunto de que tenemos cierta facilidad para ponernos a comprender todos los puntos de vista, por encontrados que sean.

Así, tenemos asegurada una buena serie de bofetones, a lo largo de nuestra vida.

Con humor, también te envío muchos “cariños granaínos”.

Peatonazo dil Iter Rondis (o El Conciliador Frustrado).

Estela Alicia Mancini, de Argentina dice:

Antonio es así se nace con un espiritu conciliador, son seres que se convierten en una gran necesidad aunque pocas veces el entorno les reconozca su labor.Están y ayudan siempre que tienen oportunidad porque no pueden evitarlo. Ser conciliador tiene un enorme merito es un hacer el bien sin mirar a quién, aveces puede ser agotador pero es una elección de la que no se puede variar el rumbo. Es una virtud que no muchos recordaran, de la que no muchos hablaran, solo deja en el silencio del conciliador una caricia y una gran satisfacción.
Como siempre muchos cariños Antonio y vamos adelante con esta linda forma de permanecer conectado en esta gran red de amigos que has sabido cultivar. De nuevo cariños Estela, de Argentina.

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RESPUESTA a JOSÉ AMÉRICO, el mejor escultor de Brasil.

José Américo:

Más que éxito, busco buena compañía (como la vuestra).

Gracias y continuamos.

Abrazo.

Peatonazo dil Iter Rondis (o El Conciliador Frustrado).

JOSÉ AMÉRICO dice:

SUCESSO ANTONIO!
SEMPRE E EM TUDO,SUCESSO.
E AGORA COM SEU BLOG!
ABRAÇO GRANDE
JOSÉ AMÉRICO

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RESPUESTA a PAULINA, exquisita artista cubana.

Paulina, es un placer leerte a ti, también.

Hace tiempo, yo cantaba aquello de:

“De tós los negros d’La Habana, yo soy el negro más guapetón. Las negras se vuelven locas cuando paseo por el Malecón”.

Ahora, apenas puedo musitar esas estrofas.

En fin: la verdad es que ni soy negro, ni soy guapetón, ni las negras habaneras se volvieron locas -nunca- por mí. Eso, aparte de que “nunca fui a La Habana”.

Pero agradecería unos mazos de puros vírgenes…; mi amigo Paco “el Trompa” (de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba) nunca me los envió…

Abrazote…

Peatonazo dil Iter Rondis (o El Conciliador Frustrado).

Paulina dice:

gracias antonio por verlo en su blog un gran abrazo desde Cuba

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