CONCILIAR UN TROCITO DE MI SOLEDAD.

Me dormí escuchando en la radio lo que decían los integrantes de una de esas tertulias en las que, cuando llega la hora, la conversación a varias bandas se trunca; sin que nadie (ni los parlantes, ni los radioescuchas) pueda sacar una conclusión más o menos coherente.

El tema era la soledad.

Yo venía, en las horas precedentes, de reencontrarme con alguien a quien he estado añorando casi toda mi vida. Alguien a quien me llevó a conocer mi hermana en mis primeros años, cuando yo apenas contaba tres, cuatro o (a lo más) cinco años de edad. Alguien que me impactó; tanto en lo personal, como en el aspecto estético de las cosas; en general.

Alguien a quien intenté ver, de nuevo, a la semana siguiente, haciéndome acompañar por “mi tata”, y a quien no pude, ya, encontrar. En su lugar, con lo que me topé fue con una sucesión de imágenes cuya, precisamente, estética, distaba mucho de la que me transmitiese aquella etérea personita.

Debe comprenderse eso de que me acompañase “mi tata”, porque yo era demasiado pequeño como para trasponer en solitario a una zona de la ciudad casi desconocida para mí. Más, si tenemos en cuenta el peligro que acarreaba el hecho de tener que cruzar las vías del tranvía de la calle San Antón. Que, según mi madre, no era flojo peligro.

Se había esfumado, la muchacha, como por ensalmo. Nunca más volví a verla. Ni a ella, ni a su depurado ambiente, tan ausente de las malicias que más tarde la vida se encargaría de chorrearme con cruel insistencia (no sé con qué intención, ¡vaya!).

Y no es que mi entorno de aquellos, mis primeros años, se distanciasen demasiado del que rodeaba a la susodicha persona… No; simplemente, el suyo era como la sublimación de mi propio ambiente… Tampoco me estoy refiriendo, en absoluto, a los aspectos materiales de uno y de otro (ambientes). Nada de eso: me refiero, más bien, a esas casi intangibles bondades que los niños aprecian mucho mejor que los adultos.

Yo disfrutaba de muchas de esas excelencias de la vida; pero, como los niños de mi edad, vecinos míos, sabía que “las había más y mejores”. Todavía, desconocía que, en general, en este “mondo cane”, existía eso que se dio en llamar “el tercer mundo”, y en el que, presumiblemente, la mayor parte de los niños sufrían de inauditas privaciones. De tal calibre, como para ni plantearse desear un mundo más sublime, o un mundo con un mayor sentido de la estética, dado que, en primer lugar, se veían -y se siguen viendo, por desgracia- obligados a luchar por la mera supervivencia.

Aunque…, no sé, bien… Hay quien asegura que los niños de los países más desfavorecidos también gozan de su infancia (en líneas generales; ni hablar, por tanto, de los miles y miles de niños a los que se les endiña un arma de fuego para que se incorporen -tan tempranamente- a todo tipo de cruentas e incomprensibles luchas).

Cuando se tiene tan vacío el estómago, “ni modo” de pensar en las sutilezas vitales a las que yo me estoy refiriendo…

Como fuere, horas antes de acostarme -con la radio encendida-, alguien trajo a mi presencia a aquella personita que durante tanto tiempo eché de menos. “¡A buenas horas, mangas verdes!“, me dije. Aunque también pensé eso de que “Nunca es tarde, si la dicha es…“.

Margarita. No es ése, su nombre real. Pero, por el momento, prefiero preservar su identidad verdadera.

No me ha parecido que Margarita haya envejecido tanto como yo… La he encontrado, francamente, muy viva y bien lozana, para la edad que se le debe presuponer. Tan pizpireta como la he estado recordando durante tantas décadas. Y tan colorista…

A decir verdad, sólo recordaba, de ella, el momento primero, cuando la vi al comenzar aquella tarde; ya, tan lejana. También, el momento de la despedida. Y cuando, entre medias, nos cruzamos la mirada a través del hueco que dejaban los añejos libros de aquella estantería que los albergaba, noblemente espaciados. No más; no más… Aunque sí supe  -siempre- que, desde el principio hasta el final de nuestra corta entrevista, ella no había dejado de contar su rancia historia. Apenas, mi hermana y yo fuimos testigos casi mudos…

Se presentó esta tarde pasada, de improviso. Y, como en la primera ocasión, ha estado parloteando sin cesar, hasta la nueva despedida.

Sí me ha extrañado que, esta vez, me haya estado hablando en inglés; exclusivamente. No sé si la he comprendido porque yo haya llegado a tener un aceptable nivel de ese idioma. Pero el caso es que la he entendido; de cabo a rabo.

Ha conseguido sumergirme en su exquisito y un tanto rancio entorno vital, el que yo descubriese durante aquella tarde tan lejana en el tiempo. También ha conseguido, por un rato, ahuyentar mi pertinaz soledad de mis noches sin luna y de mis días sin sol.

¡Bendita Margarita, con su cuentico colorista!   

Desconozco si volveré a verla; a ella, a su sonrisa… Quizás deba esperar otros sesenta años… 

Como no deseo resultar sangrón, os resuelvo vuestras dudas:

– El nombre real de Margarita es MARGIE.

– La actriz que la representaba se llamaba JEANNE CRAIN (que compartiera cartel con Gene Tierney en “Que el cielo la juzgue“, y personalizase la tremenda escena lírica del final).

– Me encontré con ella en el CINE GRANADA, allá por 1950 (aproximadamente). Más que probablemente, ésa fue la primera película que yo viera en un cine de estreno.

– El título de la película “MARGIE“, en España, es “Cómo le conocí“.

El director de esa película fue Henry King.

– Aunque la película se estrenó en Estados Unidos en 1946, me consta que en muchos países europeos no llegaría a estrenarse hasta los años 1949, 1950 y 1951. Quizás sea ésa la causa por la que yo pudiera verla, de estreno, en mi ciudad, con sólo tres, cuatro o cinco años de edad.

– De la mencionada película, sólo recordaba cuando Margie comenzaba a contar a su hija “cómo conoció a su padre”, y cómo terminaba de contarlo, segundos antes de que apareciese en la pantalla eso de “THE END”, leyenda que a los niños, y no tan niños, nos provocase sarpullidos en la década de los cincuenta -y, también, en la de los sesenta- del Siglo XX. Ya se sabe que, en España y en esos tiempos, casi sólo estudiábamos, como segundo idioma, el francés.

¡Ah! Y también recordaba el momento en que el futuro marido de Margie -profesor de francés (¡cómo no!) del instituto- se la tropiezaba por primera vez -con la mirada- a través de una vetusta estantería de libros, ubicada en la biblioteca del instituto en el que la tal Margie estudiaba.

No recordaba más escenas de esa película… Me quedé, precisamente, con el justo instante en que conoció a su futuro esposo, mientras se cosía algo que se le había roto en sus culottes, al otro lado de la estantería y con mucho apuro.

Y, como apuntaba más arriba, también se me quedaron grabados en mis esquilmadas cortezas supraparietales el rancio technicolor de la cinta y el ambiente calmo y “civilizado” de la ciudad en la que transcurre todo… No lo tengo muy claro, pero esa ciudad bien pudiera ser Boston, o cualquiera de las del conservador Estado de Ohio, a juzgar por las imágenes.

– Cuando “mi tata” me llevó, de nuevo, a ver “Margie“, nos encontramos con otra película en blanco y negro y bastante aburrida para un niño. ¡No sabéis cómo lloré! Lloré casi tanto como el día en que “mi tata” no consiguiera que un feriante me vendiese un tranvía de su tiovivo.

– Como he pasado años y años buscando esa película, sin éxito, un familiar, que conocía ese emperramiento mío, ha tenido la feliz idea de traérmela desde los Estados Unidos de Norteamérica, como regalo de Reyes. Eso sí: sin doblaje al Español… Así que prego“: si alguno de vosotros me la encuentra doblada al Español de España, que me la traiga, leñe…

– De momento, esta pasada tarde me sentí, nuevamente, muy bien acompañado. Margie ha conseguido, más que conciliar, espantar un trocito de …

Peatonazo dil Iter Rondis (o El Conciliador Frustrado).

Copyright by Antonio Gualda, 2010.

Gracias por tu visita, Margarita.

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Acerca de peatonazo

Soy un peatonazo, de los de toda la vida.
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14 respuestas a CONCILIAR UN TROCITO DE MI SOLEDAD.

  1. Juan-Carlos Julián Cebrián dijo:

    Antonio, gracias por compartir estos ratos que nos llenan a todos de felicidad.
    Te deseo, de corazón, un Feliz año 2011.
    Un fuerte abrazo. Juan-Carlos.

  2. Yanet Antonia Bustamante Palma dijo:

    Antonio, te adoro..pero me angustia cuando hablas de Soledad, sé que existen muchas perosonas que sufren de esta sensación, a veces debemos ayudarnos a no sentirnos solos, piensa que existe mucha gente que te quiere mundialmente esperamos llenar esos espacios de soledad..en tu vida….

    ANTONIO ere el MEJOR mundialmente..

    Feliz año 2011

    Nosotros lo recibimos en casa con un terrible temblor, 7,2 ..fue muy fuerte..yo venia bajando de mi taller de pintura…y comenzo..pensé que me había mareado con la trementina..jajajaja

  3. Paloma dijo:

    No he visto esa película, pero seguro que me hubiera encantado, tal como la describes.
    Me has llevado a la butaca del cine y en la penumbra he vivido una historia de otra época, no creo que más feliz, pero sí interesante.
    ¡Ah! y olía a cine.
    Gracias por invitarme.

  4. Mª Jesús dijo:

    Muy bonito Antonio, redactas como los Dioses o Diosas, que de todo hay.
    Los recuerdos mas antiguos, quizá los magnifiquemos para mejor, pero sea como sea, es nuestra vida, de la que no falta un gran punto de nostalgia.
    Varios biquiños.
    Mª Jesús

  5. Gaya Rasia dijo:

    Antonio

    Teu depoimento leva-nos ao extremo da sensibilidade e da ternura.
    A amizade, o amor e a solidão trocam de lugares, basta o destino destinar-lhes.
    Espero que tenhas um ano repleto de saúde e felicidades.
    Um carinhoso abraço,

    Gaya Rasia

  6. Antonio :

    Hay siempre que compartir, si no uno se siento solo. Despuès hay que conocer
    el valor de cada situacion, … . Ver, escuchar y sentir . Luego
    hablar y escribir. Leerse y pensar. Componer y escuchar.
    Me alegro que tu has pensado compartir con nosotros tus pensamientos.
    Y espero que el Año 2011 te dara todo lo que tu esperas.

    Christian.

  7. Hola querido Antonio, no sólo sabes pintar y componer , también escribes cómo tú sabes hacer las cosas, todo bien ¡ maestro.¡ pero sobretodo como el que siente y respira a lo lejos como película la vida , vivida… con la lejanía del tiempo y la soledad cercana que acompaña los recuerdos.
    Y … esa música que seguro está con su tono tiñendo tu tiempo . Tu soledad , que abraza.
    La música que queda.
    Enriqueta Hueso

  8. amigo siempre es muy agradable leerte, te mando un abrazo desde america, que tengas un feliz año amigo.
    c.massiel.

  9. Míriam Stella Blonski dijo:

    Sr.Antônio Gualda,
    Saudade é a lembrança que o coração guarda com carinho. São retalhos da vida, a colorirem a caminhada, imprimindo um significado novo ao mistério do momento seguinte. Cumprimento-o, respeitosamente, por sua vida, por sua arte e por este texto tão impregnado de lamento e de ternura. Não assistí ao filme “Margie”, mas pude imaginar seu contexto ao ler as suas palavras. Que 2011 seja um ano muito feliz para o senhor. Brevemente terei a honra de conhecê-lo.
    Atenciosamente,
    Míriam Stella Blonski.

  10. Jessica dijo:

    ¿soledad…?
    …no sé quién dijo: “recordar es volver a vivir” 🙂 uuuuuuuuuuhhhhhhmmm
    Te envidio porque esas épocas del cine en blanco y negro debe haber sido increible jejeje Aquí aún existen aquellos lugares, algo escondidos, pero ahí están…

    Te cuento que aquí pase la noche buena sin luz O_O, pero igual mi madre, mi hermana y yo, tomamos chocolate caliente con panetón…alumbrados con una vela ; )
    ¡¡pero qué chocolate!! 😛

  11. Estela Alicia Mancini, de Argentina dijo:

    Lo que logra el cine? Me hace acordar tu comentario en cierta forma a la pelicula de Cinema Paradiso con esa música inolvidable que acompaño cada una de las escenas.
    Las encisiones que nos dejaron grabadas tantas peliculas del cine, que hermosa sensación la de poder revivirlas y recordar a la vez como habiá sido mirada en el pasado.
    Que sanador cuando cumple con la funcion de acompañar, rememorar, distraer, y emocionar, transportándonos a tantos lugares al mismo tiempo.
    La soledad es algo que siempre nos acompaña, solo que hay que saber llevarla, ponerle limites, y disfrutarla, sin dejar que gobierne nuestra alma y nos conduzca por el sendero del abandono en donde la trizteza empañe nuestra visión al horizonte.
    Las ausencias nos debilitan, pero el destino de cada uno nos esta esperando.
    Por eso me sumo a que te sientas acompañado por toda comunidad de artistas con los que has sabido extender tu amistad. Estela Alicia Mancini

  12. Hermoso relato, Antonio y muy ameno tu blog.
    Supongo que, inevitablemente, los seres humanos que sueñan despiertos terminan por ser instigados por Arianrhod, la diosa celta de la reencarnación que aviva los recuerdos (oníricos o reales) que forman un mundo paralelo.
    Te explicaré una historia:
    Siendo yo joven y viviendo ya en Barcelona, solía ir cada mes de Agosto a pasar unas semanas a Nerja, que, como ya sabes, era el pueblo natal de mis padres. Uno de aquellos años, cumplidos los dieciséis, me subí al tren que hacía el trayecto Barcelona-Sevilla y bajé en la estación de Córdoba donde tenía que esperar tres o cuatro horas para coger un tren que me llevara a Málaga. Debo confesar que me gustaba viajar solo y por eso me inventaba exámenes o cosas por el estilo para convencer a mis padres que ellos se fuesen antes y pudiesen disfrutar más tiempo de su querida tierra.
    En Córdoba el calor era sofocante. Me dirigí hacia el centro de la ciudad y me senté en la terraza de un café-restaurante situado en una calle sombreada por toldos que la cubrían de acera a acera. Era mediodía y pedí el menú más barato (había que ahorrar las pesetillas para poder gastarlas en las fiestas de Agosto que se hacían por Nerja, Torrox, Frigiliana…) Frente a mi, otra mesa similar ocupada por un matrimonio y su hija. Me pidieron la sal e hice el gesto de levantarme para llevarles el salero, pero la jovencita ágilmente se me adelantó y lo recogió de mi mano. Luego se sentó nuevamente frente a mí y me observó, sonriendo.
    A menudo y a lo largo de mi vida, he recordado la imagen de esa niña sonriéndome.

    Un abrazo

  13. silvia dijo:

    Estimado Antonio: es muy lindo recordar…
    Alguien decía que los pueblos que olvidan su pasado… están condenados al fracaso.
    Yo, por mi parte, añoro ver de nuevo “Los unos y los otros“, película que no es tan vieja…; ni es en blanco y negro, pero recuerdos que me han quedado muy grabados en mi mente y vuelven como un “déjà vu” por haber sido registrados en mi mente cuando era muy chica.
    Es una película que supongo no es tan difícil de conseguir, pero por ahora en mi pueblo no la tengo…
    Un abrazo grande.

  14. maria franca grisolia dijo:

    Hola Antonio, leer tu historia fue como volver muchos años atràs, cuando en momentos de tristeza , la soledad caminaba a mi lado.
    Ahora, a veces, necesito esos momentos de soledad, para quererme un poco y recordar, con una sonrisa, situaciones pasadas.
    Que extraña es la vida !!!
    Un abrazo.
    Maria Franca.

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